Lo que no se dice de la política 2.0

Todo el mundo habla de la utilidad de las nuevas tecnologías para promover la participación de la sociedad en la política. Asincronismo, accesibilidad, ubicuidad, movilidad, empoderamiento de las ideas, sociedad en red, e-gobierno, e-administración, e-política, open government, horizontalidad, interacción… sabemos de las ventajas y las oportunidades que han abierto las nuevas tecnologías en la política. La dospunterización de la política abre el sistema político, lo democratiza y le insufla meritocracia, aunque seguramente mucho menos de los que algunos sugieren.

La aceleración que produce el cambio tecnológico en la alteración de pautas de conductas sociales está siendo vertiginosa. La penetración  y extensión de las nuevas tecnologías multiplica el abanico de cauces a través de los cuales la ciudadanía y los políticos pueden interactuar. Pero debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿Realmente la ciudadanía española es propensa a la participación política?

No está nada claro el cambio de hábitos políticos en los electores en cuanto a participación política se refiere. Hay evidentes cambios en el consumo de información política, transformaciones organizativas; hay una verdadera ebullición entre los más implicados en el mundo político.  Pero no tenemos que olvidar que hay mucho de autoreferencial en el mundo político 2.0 y que la dospunterización de la política lucha para hacerse un hueco en un mercado poco propicio. Por dos razones principales:

  • La propia naturaleza de Internet. Internet es cada vez más móvil. Ha adquirido una potencialidad disruptiva impresionante en nuestra sociedad. Pero la lógica de la propia red aminora el impacto de lo político. Internet responde a la dinámica del turboconsumo del mercado, de una sociedad cada vez más individualizada, consumista y atomizada; desconectada de los antiguos lazos identitarios que incentivaban la participación (religión, sindicatos, etc.).  Se habla mucho de emoción. Pero la poca profundidad de la inmersión emocional, la inmediatez y la velocidad  de la red es directamente proporcional al olvido. La elevada volatilidad de los estímulos, la falta de atención, la lectura en diagonal, la superficialidad y la evanescencia que conlleva la propia red obliga a los partidos a diseñar una estrategia encadenada de estímulos para lograr la sedimentación del mensaje en los electores. El reto es entretejer sólidos nexos emocionales que perduren.
  • Las actitudes cívicas y políticas de la ciudadanía española. Estoy hablando de la cultura política de la ciudadanía española, es decir, de sus pautas de orientación hacia lo político (Almond y Verba, 1970), que determinan su visión, opinión y participación en la política. No hay que olvidar que la cultura política de un país es muy estable, que sufre oscilaciones a lo largo de un tiempo largo, ya que es resultado de la sedimentación reposada de la historia, la cultura y la sociedad de un país. Es precisamente la configuración de esta cultura política la que incentiva a la participación política (o no)  en sus distintas modalidades. La cultura política española se caracteriza por tener un bajo sentimiento de eficacia del sistema político (confianza con la política) con un elevado grado de apoyo a la democracia (legitimidad), lo que muchos autores les ha llevado a hablar de ‘cinismo político’.

Ante ello, la medición del impacto de la aceleración tecnológica en la participación política de nuestros ciudadanos es difícil de medir. Pero lo que está claro es que el recambio generacional abrirá cada vez más el proceso de cambio actitudinal hacia lo político debido, sobre todo, al uso intensivo de la tecnología de las nuevas generaciones.

Por lo tanto, hay que tener en cuenta y valorar muy positivamente la erupción de la política 2.0 en cuanto a apertura del sistema político y democratización de la política. Pero a menudo se echa en falta opiniones y análisis sobre los potenciales efectos negativos de la red y la pervivencia de unas orientaciones políticas poco proclives a la participación política en España.

 

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2 thoughts on “Lo que no se dice de la política 2.0

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