LA ACELERACIÓN DE LA SOCIEDAD

Quería publicar un post sobre las tendencias de los últimos decenios y años en comunicación y política: nuevas tecnologías, política 2.0,  personalización de la política, el debilitamiento de los factores tradicionales de anclaje partidista (y la progresiva importancia de los factores coyunturales), etc; pero a riesgo de ser farragoso ya que se ha escrito mucho sobre estos temas, quería ofrecerles un post des de otra perspectiva: la aceleración de la sociedad.

Las tecnologías de la comunicación forman la punta de lanza del cambio de época que estamos viviendo. Vivimos en un punto de la historia donde todo sucede a velocidad de vértigo. Nuestro contexto socio-político y mediático está sumido por una cotidianidad frenética. Como argumenta Zygmun Bauman nuestra sociedad tiende a ser líquida, en que todo cambia constantemente.

Estamos asistiendo a una fuertísima comercialización del ambiente mediático en todos los países democráticos. Los ciclos informativos son de 24 horas, siete días a la semana, 365 días al año. La clase política se ve atropellada por la sobreexposición inmensurable que requiere nuestra sociedad hipermediatizada. Ello provoca el paso efímero de muchos políticos debido al intenso desgaste y el rápido consumo asociado al foco permanente de los medios. Al mismo tiempo los políticos tienen a ensimismarse en el entramado institucional, perdiendo el contacto de los hombres y mujeres a pie de calle. Es lo que causa una vida política y mediática trepidantes y esclavas de la actualidad más inmediata. Lo que ayer fue protagonista indiscutible, hoy puede ser totalmente obsoleto y mañana indigno de recordar. La sociedad del infoentetenimiento demanda rabiosa actualidad, conflicto, espectacularidad, sensacionalismo, bombas informativas para captar la atención del espectador. Lo mismo pasa con la política. Es el culto a la imagen. De ahí la necesidad de gobiernos, partidos políticos y candidatos de proveerse de especialistas, expertos en marketing político. A pesar del aumento educativo en todas las sociedades occidentales el ciudadano no es políticamente sofisticado, sino que consume información de forma aleatoria y casual, en busca de placer y entretenimiento

Las identidades políticas históricas – socialdemocracia y conservadurismo principalmente – están difuminándose. Sólo importa la gratificación inmediata. El individualismo agudiza, muchos de los electores son hijos de internet, la computadora y la televisión. La hipertrofia que provoca la sobreinformación política y la multiplicidad de fuentes de abastecimiento, sobretodo provocado por la explosión de Internet, está sumiendo en un marasmo las estructuras partidistas, incapaces de enraizar su identidad y su esqueleto político en las masas. Cada vez se muestran más incapaces de alojarse en el imaginario colectivo, perdiendo su antigua capacidad de penetración. Estamos en una sociedad donde cada vez son más accesibles las fuentes de información, donde cada vez es más accesible el contacto con la política.

Ahora bien,  como argumenta Josemi Valle en un artículo de opinión, ‘cuanto más accesible es un estímulo, más evanescente es su impacto; […] la velocidad de acceso y adquisición es directamente proporcional al olvido. Es la lógica del mercado aplicada a la política, como ya ha invadido otros ámbitos de la sociedad: la música, el ocio, el deporte, las relaciones humanas, etc. El turboconsumo se ha instalado en nuestra sociedad, y está para quedarse.

Con un simple clic tenemos acceso a cantidades ingentes de información, con un simple clic organizamos un viaje, pagamos nuestras facturas, nos ponemos en contacto con un amigo en la otra punta del mundo, escuchamos la música que nos gusta, hacemos nuestra compra y un largo etcétera. La atención es un recurso por el que batallan miles de estímulos diarios, entre ellos la política, pero muchos ciudadanos no tienen ni tiempo ni predisposición a escucharlos y menos a absorberlos.

La actualidad y la información política son cada vez más evanescentes; es muy difícil que una batería de estímulos políticos se sedimente en la mente y en la retina del electorado. Los espectáculos mediáticos, se agotan cada vez de forma más rápida. Por ello, muchos consultores y expertos en comunicación política hace tiempo que hablan de la importancia de ‘lo emocional’, de la trascendencia de la estrategia a largo alcance, de la coherencia, unidad y repetición de un mismo mensaje político (la aplicación de la USP – Unique Selling Preposition) transmitido por diferentes canales a diferentes públicos. Una campaña sin un buen mensaje es como un cuerpo sin alma. Todo ello, para que el estímulo político pueda acomodarse a la mente del espectador, para convertirse en una percepción transversal que logre la confianza mayoritaria de los votos el día de la elección. Por ello, el concepto permanent campaign está arraigando cada vez más entre la clase política de este país, ya que muchas estrategias de comunicación, la sedimentación de percepciones o cristalización de opiniones requieren tiempo. Es imposible construir relatos o comunidades sólidas durante una campaña electoral. Es ahí donde entra el marketing y la consultoría política con todo su entramado de técnicas y métodos para entretejer sólidos nexos emocionales, captar la atención de los medios de comunicación y de los electores, para reinstaurar el interés, la confianza, la dignidad y la reputación en una profesión como la política.

Ante la nimiedad del momento, de los sucesos y de muchos aspectos de la política, necesitamos de profesionales para conseguir frutos permanentes.

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